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Historia de Medellín

Historia


La primera vez que los españoles divisaron el Valle de Aburrá fue en 1541, cuando el oficial Jerónimo Luis Tejelo llegó hasta aquí por órdenes del mariscal Jorge Robledo, quien después fundó Santa Fe de Antioquia. Dado que no había oro ni plata, los españoles no prestaron mucha atención al valle y se fueron en medio del rechazo de los indígenas yamesíes, niquías, nutabes y aburraes, que, según las crónicas, habitaban lo que es hoy Medellín.

En 1616, el oidor y visitador Francisco de Herrera Campuzano redujo indios de varios lugares de la provincia de Antioquia, trajo algunos al Valle de Aburrá y fundó el pueblo de San Lorenzo de Aburrá, en lo que hoy es el barrio El Poblado, que no puede ser considerado como el origen de Medellín.

Los habitantes del valle, dedicados a labores agrícolas y ganaderas, conformaron una dinámica colonia; el poblado de San Lorenzo decayó rápidamente, en tanto que, en el resto del valle, sus habitantes se agruparon en varios sitios. Uno de ellos fue Aná, ubicado cerca al actual Centro Administrativo La Alpujarra. Ya en 1660, la villa contaba con una iglesia, una precaria traza urbana y una singular importancia.

Los vecinos de la ciudad de Santa Fe de Antioquia se opusieron a que se fundara una ciudad o una villa en el Valle de Aburrá, pues eso reduciría su jurisdicción y su control político sobre la provincia, toda vez que muchos de sus vecinos se estaban trasladando a vivir al Valle de Aburrá, con mejor temple, abundancia de aguas y una comunicación más dinámica con la Gobernación de Popayán y el río Magdalena.

El 20 de marzo de 1671 se erigió la Nueva Villa del Valle de Aburrá de Nuestra Señora de la Candelaria, pero los cabildantes y el cura de la ciudad de Antioquia lograron anular tal fundación. Sin embargo, unos años después, el 2 de noviembre de 1675, se expidió el auto que erigió al sitio de Aná, de manera definitiva, en la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín.

En 1813, la provincia de Antioquia proclamó su independencia de España. Para entonces, Antioquia contaba con las ciudades de Santa Fe de Antioquia, Rionegro, Zaragoza, Cáceres, Remedios y las villas de Medellín y Marinilla; esta última fue declarada ciudad dicho año por el dictador Juan del Corral, dada la importancia comercial que iba adquiriendo por ser paso obligado en las rutas hacia el río Magdalena, la ciudad de Popayán y la Costa Atlántica.

A pesar de la oposición de la hasta entonces capital Santa Fe de Antioquia, el 17 de abril de 1826 Francisco de Paula Santander sancionó la ley que elevó a Medellín a la categoría de capital de la provincia de Antioquia. Pero sólo hacia 1870 este tranquilo poblado, rodeado de hatos, experimentó un auge económico significativo como proveedor de alimentos de las zonas mineras de Remedios, Zaragoza y Cáceres, y de la antigua capital Santa Fe de Antioquia, y como centro de mercado del café, resultado de la llamada colonización antioqueña, que convirtió amplias zonas baldías en cultivos del grano, actividad económica que daría un impulso definitivo a la región y que, posteriormente, se ratificaría con la fundación en Medellín de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, el 27 de junio de 1927, y la producción de marcas como Café Medellín, con destino a los mercados internacionales.



Este auge económico dio un empuje a la incipiente configuración urbana y arquitectónica de la capital, y, por ende, a su vida social y cultural, lo que a su vez fue estímulo para el nacimiento de entidades dedicadas a las artes y a las letras. Cabe resaltar este último aspecto, puesto que, en adelante, el desarrollo económico de la ciudad iría de la mano con el desarrollo de las manifestaciones culturales, lo que será una impronta inherente a la historia de Medellín.

Pedro Justo Berrío (1827-1875) empezaría a proyectar la ciudad como un centro político y económico más allá del ámbito de lo local, al impulsar obras de infraestructura, como las carreteras, el tranvía, la banca y el ferrocarril. Precisamente, en 1874 se dio inicio a una de las obras que marcaría gran parte de la historia reciente, no sólo de Medellín, sino de toda la región: el Ferrocarril de Antioquia; por otra parte, la ciudad despuntaba, también, como centro intelectual que atraía a escritores y pensadores.

Por todo lo anterior, y con el fin de contrarrestar su crecimiento desordenado y sin planeamiento, el Concejo de Medellín expidió el Acuerdo 4 de 1890, referente al plano que debía trazarse para el desarrollo futuro de la ciudad, que no era el primero, pues desde finales del siglo XVIII ya existían dos versiones del plano de la villa. En 1899 se creó la Sociedad de Mejoras Públicas, que desempeñó un papel de primer orden en el desarrollo de la ciudad, en obras tanto de carácter urbano como de impulso cultural. Entre ellas figura el Instituto de Bellas Artes, que se integró con el taller de pintura de Francisco Antonio Cano, autor de la clásica obra Horizontes, hoy reproducida en una gran pared en la Plaza Cisneros.

A comienzos del siglo XX, Medellín, que apenas contaba con unos miles de habitantes, experimentó una radical transformación con la llamada industrialización, a lo cual contribuyeron la topografía de montañas de la región y la abundancia de aguas que se utilizaron para la generación de energía, la cercanía y ubicación con relación a crecientes mercados, la habilidad del antioqueño como comerciante y el sentido de su clase dirigente, que, apenas en los albores del siglo XX, tuvo la visión y constituyó la Cámara de Comercio de Medellín.

El sector de la confección marcó el inicio de la industrialización en el Valle de Aburrá, pero muy pronto se sumaron otros sectores tan diversos como el del vidrio, el calzado, los alimentos de consumo masivo, la siderurgia, el transporte aéreo, los electrodomésticos, la producción de bienes culturales, entre muchos otros. Algunas empresas que se gestaron en ese momento fueron la Compañía Nacional de Chocolates, Postobón, Coltejer, Fabricato, Coltabaco, Fábrica Nacional de Galletas y Confites Noel.

Las políticas de apertura de puertas al crecimiento económico de presidentes como Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo, en la década de 1930, consolidaría definitivamente este proceso. Medellín tomó claras ventajas de dichas políticas, hasta convertirse en el principal centro industrial, económico y financiero del país.

La vida cultural de la ciudad también continuó su florecimiento: aquí nacieron periódicos como El Espectador, considerado el decano de la prensa nacional; empresas radiales como Caracol y RCN, y destacadas editoriales y casas disqueras. En el ámbito literario surgieron figuras como don Tomás Carrasquilla y Fernando González, y grupos como Los Panidas, con León de Greiff. Más adelante, la ciudad consolidaría esta dinámica y seguiría siendo epicentro de movimientos literarios de trascendencia, como el de los nadaístas, que encantaron y escandalizaron al país.

Algunos de los hitos culturales en Medellín, y que revelan el dinamismo de la ciudad, los marcarían hechos como el Festival de Ancón (una versión local del Woodstock de Nueva York de 1969), las grandes orquestas de música bailable (cuyos ritmos animaron las fiestas de Colombia), las bienales de arte (que acercaron el arte contemporáneo al común de la gente) y en un lugar destacado, por el impacto urbanístico y como referente de ciudad en el ámbito internacional, la obra pictórica y escultórica de Fernando Botero, reconocida y admirada en el mundo entero. Hoy, además de muchos eventos artísticos y culturales de trascendencia, en Medellín se realiza el Festival Internacional de Poesía —Premio Nobel Alternativo 2006—, que reúne a poetas y escritores provenientes de decenas de países.


Luego de superar la crisis provocada por el narcotráfico en la década de los ochenta, Medellín recuperó su liderazgo tradicional. Hoy, después de asumir la reinserción a la vida civil de actores de la violencia, Medellín se presenta ante el mundo como modelo de paz y reconciliación.

Estos nuevos aires de la ciudad lo confirman hechos tan destacados como la realización, en marzo de 2007, del XIII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española de todo el mundo, que contó con la presencia de los reyes de España, evento que se propuso la revisión a fondo, la actualización y la definición de la gramática contemporánea del idioma español, y que lleva el nombre de Gramática de Medellín. Igualmente, eventos de la talla de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), llevada a cabo en junio de 2008, y la designación de la ciudad como sede de la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el 2009 y de los Juegos Deportivos Suramericanos en el 2010 dan testimonio de los logros palpables de la ciudad y de su reconocimiento internacional.



Medellín es hoy identificada por sus destacadas ferias y eventos que, año tras año, la llenan con un aire esperanzador y de vanguardia; aquí se dan cita las ferias de la moda y la confección Colombiatex y Colombiamoda; festivales de cultura como la Feria del Libro, el Festival Internacional de Poesía, festivales de música y el Festival Internacional de Jazz; la Feria de las Flores y su Desfile de Silleteros, y la magia de sus alumbrados navideños, llamada Fiesta de la Navidad, que, con sus diseños y colorido, cada año sorprende a miles de visitantes.

Una ciudad incluyente, muchas obras de alta inversión, la construcción del Metroplús y las tres líneas de Metrocable que complementan el Metro, orgullo de los medellinenses; la gran renovación urbana, visible y favorable a todos sus habitantes y visitantes; más de seis canales locales de televisión, los ultramodernos parques biblioteca que acercan la cultura a zonas de la ciudad donde antes no existían estas oportunidades; el gran desarrollo científico de Medellín, especialmente en el campo de la salud; nuevas universidades y grandes oportunidades de educación para todos sus habitantes hacen de ésta una urbe de cara al futuro y con proyección internacional.